Empezamos las obras

Empezamos las obras

10th Ago 2019 Caja de uvas, Elaborando

Empezamos las obras.

Para los que hayáis estado ya en la bodega de mi abuelo, habréis visto que aunque pequeña y medianamente bien conservada, necesitaba urgentemente una reforma, máxime si mi intención es hacer vino de forma profesional, con todos los permisos necesarios. El estado real es prácticamente el que dejó mi abuelo hace quince años, con sus vigas de madera, sus tejas puestas casi sin cemento, el altillo de madera, paredes de adobe o sin enfoscar. Y obviamente no es viable trabajar legalmente así, aunque hasta ahora vino he podido hacer, y creo que de gran calidad.

Cuando fracasó la campaña de crowdfunding el año pasado fue un poco deprimente no haber conseguido poder arreglarla. No tengo capacidad económica para hacer frente a una inversión que no iba a empezar a amortizar hasta el tercer año, y los bancos no dan duros a peseta. Así que me resigné. Seguiría trabajando, cuidando la viña, y esforzándome por hacer vino. Entre medias hablaba mucho con Raúl Calle y Laura Piñas, que están en una situación parecida, con los que comparto valores ecológicos y de trabajo de campo, para intentar encontrar un sitio donde elaborar. La persistencia de Raúl es encomiable. Esa idea todavía sigue ahí, pues la bodega de mi abuelo, aunque la quiero y me he jurado hacer vino toda la vida ahí, es obvio que es pequeño como para poder elaborar todo el vino que necesitaría para poder vivir de ello.

Todo cambió cuando mi vino le llegó a un distribuidor, y me aseguró que me compraría toda la producción del 2018. Pues probó el 2017 y le gustó (si es que está muy bueno), y le hice llegar una botella del 2018, aún en barrica. Son unas seiscientas botellas, y con la previsión de hacer unas tres mil para este año 2019, no podía perder la oportunidad de arriesgarme. Moviendo algunos hilos, y con la ayuda familiar, pues se volcaron mis tías y mi madre en que echara andar la bodega, el banco puso el resto (los euros). La vida es una un no parar de pasar trenes, y hay que cogerlos, o no vuelven, o vuelven otros con menos oportunidades.

Una vez que la cuadrilla de San Juan de la Nava podía empezar (intento siempre trabajar con amigos o gente del pueblo, hay que generar riqueza en la zona y en los conocidos), nos pusimos a sacar todo de la bodega,  y no fue tarea fácil. El primer día mi amigo Miki me acompañó a sacar todo lo que tenía en el altillo, y que guardé en la bodega de mi tío Julio, que la tengo prestada como almacén. Y nos dimos una buena zurra. El segundo fue una tarea menos dura, pero más larga: con un remolque que me dejó el vecino de enfrente, saqué el vino, las barricas, y un montón de trastos más o menos pequeños con la ayuda de mi tío Miguel y mi padre. El domingo fue una mañana de pánico: había que sacar las tinajas. Me traje a mis amigos Mario y Rubén, además de mi tío Miguel y Julio, el albañil que me está haciendo la obra. Con una camioneta de mi tío Javi, y la impresionante fuerza de Mario, conseguimos sacarlas todas. Fue una mañana de un esfuerzo titánico. Pero cuando ya todo estuvo hecho, por primera vez, al ver vacía la bodega, sentí de verdad que el proyecto empezada a tomar forma, que podía conseguirlo.

Después reuniones y visitas a Sanidad y a Industria, para que el proyecto sea legalmente impecable, y poder cumplir todos los requisitos necesarios, todo estaba preparado para poder empezar el cambio que necesita la bodega.

Mi abuelo era práctico, muy práctico, no así mis tías y mi madre, que tienen cariño a cada taco de madera, y aunque puedo apreciar la belleza de una obra hecha en madera, no puedo permitirme hacer florituras: necesito eficiencia, una obra bien hecha, con materiales de calidad. Y estoy convencido que mi abuelo estaría totalmente de acuerdo. Él era incluso más desprendido que yo. Así que vigas de hierro que mi tío Javi (Elaborados Metálicos Javier Calvo SL) ha hecho, así como la puerta, por fin una de dos metros, y la escalera para subir al altillo. Práctico y estético. 

Estoy muy ilusionado, el proyecto está tomando forma, y estoy seguro de que si sigo manteniendo la paciencia, el vino será digno del trabajo de mis abuelos, y que como yo, estaría feliz por mantener la esencia.

Pero esto no es solo el dinero, que obviamente hace mucha falta, ni tampoco solo mis cientos de horas de viñedo y de elaboración en bodega. Es la gente que viene a ayudarme para que consiga que salga adelante: los que levantan cajas, recogen uvas, sarmiento o madera, los que sacan el hollejo de la tinaja, o los que sacan las tinajas de la bodega para volver a meterlas. Sin amigos, esto no sería posible. Mil gracias a todos. Ni con todo el vino del mundo podré pagaros todo lo que hacéis por mí. 

Voy a aprovechar a meter una morcilla por aquí, y es que he hablado antes de que es difícil vivir solo con tres mil botellas, más o menos la cuenta sale a veinte mil para vivir de ello, así que he hecho de nuevo una campaña de crowdfunding, esta vez para comprar dos viñedos en estado de abandono, pero que con trabajo son recuperables. En un próximo artículo os hablo de ellas. El dinero está este año para la bodega, y no puedo hacer más inversión, pero vale la pena, y por eso os pido de nuevo ayuda:

Clemente Peral: recuperación de viñas viejunas.

Al fin y al cabo, es como venderos el vino por adelantado. Gracias por leerme. Sed felices y tomad buen vino. 

Eligiendo barricas

Eligiendo barricas

07th Dic 2018 Caja de uvas, Elaborando

El trabajo no para, y la diversión tampoco, aunque esto segundo es relativo. Como decía Isaac Newton, para estudiar el universo había que sentarse en hombros de gigante. En mi caso podemos hacer una extrapolación, pero quizá se me adapte más el dicho de sarna con gusto no pica. Con esto lo que quiero decir es que es duro, pero disfruto el resultado, incluso el llegar a él. 

Y es que me ha costado encontrar barricas de roble francés para criar el vino. Al final cerca de Illescas, en Toledo, encontré una empresa que acaba de recoger unas pocas, y me reservó algunas. La verdad que muy maja la persona con la que he estado hablando. 

Mis problemas eran la gran cantidad de uva en todas las zonas cercanas, la gente en primavera hace acopio de barricas, y como ha habido tanta, nadie ha revendido. Y yo casi hasta septiembre no era capaz de saber cuánta uva iba a tener. Y el segundo probelma el número de usos. La decisión de por qué las quiero usadas tiene su argumento, y es que hay gente que no termina de entenderlo, parece que debe ser nueva o de dos usos. Y tampoco es eso. 

La experiencia (la madre de la ciencia y la estadística), nos aclara que una barrica de roble francés usada es la que mejor cría la garnacha de la zona, y muchos bodegueros las usan. Es verdad que hay que innovar, pero también las cuestiones económicas hacen que apure y busque. 

Dentro de esa experiencia para tomar la decisión, os hablaré de por qué yo pienso que unas barricas del año 2013 se adaptan bien y criarán el que será un muy buen vino: una vez fermentado alcohólica y malolácticamente el vino, lo estoy dejando decantar en la tinaja de barro. Es un vino fresco y vital, con mucha fruta. Mi idea es que redondee en la barrica, pero que ésta no le aporte mucho sabor a madera, porque no es lo que busco. Busco que el vino te traslade a San Juan de la Nava, que notes su fruta roja, su grado alcohólico, su arándano, su fuerza. No quiero sabores de vainilla, ni canela, ni cuero, busco un pequeño aporte de redondeo, muy leve, sin tostados. De ahí la decisión de unas barricas usadas, que no aporten gran cosa al vino. 

Una cosa esencial antes de comprar es conocer la trazabilidad de las barricas, y desde la empresa me mandaron ésto: Pertenecieron a única bodega de Somontano (sé cual es pero no lo diré) y “han tenido vino destinado a crianza y variedades Syrah, Garnacha, Tempranillo y Cabernet.” Con eso me vale, bien lavadas las barricas me las dieron, y más que las he lavado yo también para quitar sabores. La verdad que me ha gustado la seriedad y la implicación de la empresa.

Quizá en el futuro cambie de opinión, o me decante por otros tipos de crianza vinos y otros tipos de barricas, pero hoy por hoy, es lo busco, porque es lo que me pide mi garnacha.  

¿Y qué es lo que me ha pasado con las barricas?

Pues que me fui a por ellas con mi súper kangoo, y pensé que me entraban todas las que necesitaba, y resultó que no. Y encima me como un atasco de hora y pico… La resignación que tuve que tener fue portentosa, porque la frustración me aumentaba exponencialmente. 

Pero si hubo algo que me cabreó fue la pérdida de líquido de la barrica. Qué mal me sentó. A las once de la noche llenándolas de agua para que se hinchen, y resulta que las p**as jod***as barricas van y pierden líquido. Y algo de nervios sí que perdí, junto a la paciencia de la que hice gala en el viaje a Toledo.

barrica

Os contaría que las puse en medio de la bodega, que las llené de agua, y que cuando empezaron a gotear, tuve que vaciarlas con la bomba, que las tuve que mover de nuevo a la entrada bloqueando la salida para que estuvieran al lado del sumidero, que tuve que volver a llenarlas, que las eché los limpiantes necesarios… Que perdí muchísimo tiempo y me salieron más canas. Pero algún mensaje de guasap a altas horas por suerte contestado me relajó lo necesario. 

Algo que escarmenté, y que no tenía previsto aprender, fue que las barricas, al venir de un lugar muy seco como era el almacén toledano, estaban en sus mínimos de abotagamiento, y la probabilidad de que perdieran líquido era altísima. Así que me armé de estoicismo, las volví a llenar, las mojé bien también por fuera, gasté un metro cúbico de agua, y continué mojándolas bien. 

Y al día siguiente no había rastro de fuga. Que paz sentí entonces. Y que bonitas me parecen ahora. Lo que se aprende en situaciones de mucho estrés en los que tienes que salir adelante o rendirte. Yo soy más de salir adelante, aunque estuve al límite de todo y no sabía donde iba a acabar. 

A algunos les puede parecer magia el hecho de que en cuanto se humedece la madera se hinche. Pero esto es algo que la física y la química explican con sencillez. El cerebro humano y la capacidad de análisis, y el prestar atención a la experiencia de los demás (y la propia) son esenciales. Ahí está la historia para hacerla caso y analizarla. 

Ya soy más feliz. Las cosas seguirán bien. 

Y recuerda, si quieres probar, no dejes de visitar la tienda.

¿Por qué mi vino es caro?

¿Por qué mi vino es caro?

26th Nov 2018 Caja de uvas

Mientras estaba este fin de semana trabajando en la bodega, una de las cosas que pasaban por mi mente es la frase que me dice alguna gente: «Es que tu vino es caro, hay riojas y riberas con crianzas muy buenos mucho más baratos.» Esa es una verdad incontestable. Y seguramente mejores que un Clemente Peral para muchos paladares. Pero no voy a entrar en los gustos de la gente, ni en valorar si el vino que elaboro es mejor, o más rico, que otros. 

Voy a ahondar en el valor de mi vino, y en el trabajo que me lleva elaborarlo. Y es que yo no puedo competir con una bodega industrializada que elabora más de cien mil litros anuales de vino, incluyendo varios tipos con diferentes crianzas, muy diferente poder adquisitivo, y capacidad para pagar sueldos. En esos casos el margen que pueden permitirse por botella es menor, y la propia infraestructura industrial abarata los costes. Y como yo, muchos elaboradores, y no sólo de esta zona de Ávila, no podemos competir con las grandes explotaciones vinícolas de La Mancha, Valdepeñas, Rioja, Extremadura o Ribera del Duero entre otros, nos es imposible. Algunos de ellos pueden vender el litro de vino a menos de un euro. Yo no. Y otros muchísimos viñadores y elaboradores tampoco. Sólo con la vendimia, pagando el jornal y la comida, el transporte de la uva o las cajas, tengo que imputar a cada botella unos cincuenta céntimos.  

Lo que yo hago; y otros tantos también, es casi artesano. Si tuviera que imputar a la botella de vino todas las horas, además del material, que invierto, quizá tendría que vender el vino a cerca de treinta euros. Y luego la gente, y sobretodo los entendidillos, me dirían que donde voy. 

Si contabilizamos el trabajo en el viñedo, empezando por el principio, tenemos el mantenimiento invernal, el abrir cepas por si están enfermas, el vigilarlas, el valorar si hay que arrancar alguna, si hay que hacer un esfuerzo por mantenerla, injertarla, transplantarla… Son muchas visitas al viñedo en invierno. Y luego viene la poda, que son una tanda de horas, incluyendo la horrible tarea de sarmentar (que es recoger el sarmiento). Luego si toca abonar es otra tarea, y busca abono natural, si es de algún vecino mejor. Después mantén los muros, repón las piedras, poda los árboles y las plantas que crecen sin permiso. Ara la viña, gasta gasolina y esfuerzo en empujar una motoazada, o algún caballo o borrico si eres de los que los utilizan. Yo no, y me gustaría, pero no me llega para mantener un animal. Después desbroza, controla la uva, abre las cepas, sulfata si es necesario, vigila las plagas, vendimia, lleva cajas, tráeteleas, da de comer, paga salarios si puedes, si no tira de voluntariosa gente que te ayude… Sólo con todo ésto ya puedes sumar euros a cada botella. Y no hemos amortizado desbrozadora, hacha, motosierra, motoazada, cajas, tijeras, gasolina, ruedas, motores, etc. 

 Y junto a todo ésto, solapo las tareas de bodega. Y eso que no he hecho la obra, que eso ya será otro cantar. Las solapo yo y las solapa todo el mundo. Vamos a empezar las tareas limpiando tinajas y depósitos, cuidando las instalaciones, previendo la cantidad de uva a meter, haciendo acopio de barricas, porque hay que renovarlas y son caras, de botellas o de etiquetas, que cuantas más compras, mucho más baratas son, pero cuando sólo necesitas mil o dos mil botellas son muy caras, y tienes que buscarte la vida con otros elaboradores para comprar más barato. Y no serigrafíes corchos, que también se encarecen, y como las botellas y las etiquetas, y las cápsulas si me apuras, también son mucho más caras cuanto menos pidas. A una bodega que produce un millón de botellas al año, cada botella le saldrá alrededor de los diez céntimos de euro. A mí puede llegar a costarme cinco veces más, dependiendo del modelo. Y no vas a comprar un modelo más barato, porque te dicen que vaya mierda de botellas, gástate un poco más y compra una mejor. Me lo han dicho. 

Durante los tiempos de guarda, tanto en barrica como en botella, no estás rentando nada. Sólo esperando. Tiempo que sólo ocupas espacio. Tiempo que puedes dedicar a otra cosa, normalmente tareas de campo, pero que limita el trabajo en bodega.

Y ahora nos vamos al trabajo en bodega. Si es duro el trabajo en el campo, ahora viene el trabajar en poco espacio, con los medios que puedes, los míos son muy artesanos. El hecho de que mis medios sean artesanos en parte es decisión mía. Quiero mantener las tinajas de barro de mis abuelos. Podría quitarlas y usar acero. Y podría poner una despalilladora con bomba que suba la uva hasta las tinajas. Podría hacer algunos cambios, pero esos los elijo yo. Y si el vino es como es, es porque quiero que tenga esos matices. Uso despalilladora, y subo la uva y el zumo en cubos a la tinaja. No me gusta la bomba porque no quiero aplastar más la uva. No lo deseo. Y uso tinaja de barro para la crianza y para las fermentaciones alcohólica y maloláctica por el sabor y los matices que generan. No están pintadas, acepto su porosidad, y ayudan a dar ese toque único y especial al vino. Y eso incluye, al no tener puerta las tinajas, sacar a mano toda la uva cuando las fermentaciones acaban desde arriba, y os aseguro que es un trabajo muy duro. Lo hago con gusto, pero tardo un día entero para cada tinaja de mil litros. Contando con la limpieza. Y el dolor de mis músculos es notable.

Aquí sólo cuentan mi pericia, mi fuerza y mi tiempo. Y a mayores mi pasión y mi entrega. Son indispensables para que el vino salga con esa personalidad y esa originalidad. Y todo eso habría que sumarlo al precio final. 

Antes, durante y después hay que cuantificar y controlar, es muy importante saber como evoluciona y tomar decisiones. El conocimiento es clave, y eso se gana estudiando, preguntando y trabajando. Ese bagaje tampoco es gratis. Me ha costado mucho. Cierto es que he tenido la suerte de tener gente a mi alrededor que me ha brindado sus conocimientos. Y los vuelco en cada botella. Tanto del trabajo en el viñedo como del trabajo en la bodega. Y eso también debería sumarlo al precio final.

Y cuando ya lo tienes todo hecho, hay que embotellarlo, y esto es otra fiesta de horas de trabajo. El vino ha pasado y se ha controlado en innumerables días en tinajas de barro, en barricas de madera, y en damajuanas de cristal; con múltiples trasiegos con la intención de crear algo tan personal y artesano, que denote el amor y la dedicación. Y todo son horas de trabajo. Tiempo de conocimiento adquirido. De experiencia. De estudio. De contrastar datos. De tomar decisiones. De hacer mucho esfuerzo físico. De dejar de estar con mis hijos para dedicarme a que otros disfruten de esta botella de vino. 

¿Es caro mi vino? Yo creo que te estoy obsequiando mi tiempo, mi amor y mi pasión. Mis sacrificios y mis desvelos. Mi esfuerzo. Los diez euros que vas a pagar por un Clemente Peral no compensan económicamente. Pero quizá sí me satisfagan si te gusta este vino y lo disfrutas cuando lo bebes, tanto como yo elaborándolo. Mil gracias. 

Creo que muchos elaboradores se sentirán identificados, como yo con ellos. Esto es artesanía, amor y pasión. Por eso lo hacemos. Por eso os lo ofrecemos.

Fermentando

Fermentando

08th Nov 2018 Elaborando, Vendimia

Ya llevamos más de un mes con la uva despalillada e incluso alguna tinaja prensada. Y una de las tareas esenciales es el control. Todos los días que puedo estoy en la bodega controlando la densidad, la temperatura y el pH, así como olores y sabores. Bazucando las tinajas para que las levaduras sigan engullendo azúcar y haciendo la digestión sin que les falte aire.  

Equipo de control químico.

Tengo refractómetro pero me he acostumbrado a volver a usar un densímetro o higrómetro, además de un termómetro de mercurio. Aunque tengo también uno digital. Le da un aire más manual, pero sigo utilizando ambos, como contra prueba. Normalmente me ofrecen las mismas medidas siempre. 

Saco de cada tinaja una muestra con la jarra de mi abuelo, porque me resulta cómoda, y es muy chula; y en la probeta hago las pruebas. Apunto los datos (hay que apuntarlo todo siempre, llevar el control de los datos asegura dos cosas: saber lo que haces, y corregir errores en el futuro. ¡Viva el método científico!).

Dado que está siendo un otoño muy frío, está costando que las levaduras trabajen, y eso siempre puede tener riesgos de aumentar la volátil por estar mucho tiempo, y es que el barro es poroso. Pero tengo cuidado de que no se contamine, lo tengo bien cerrado con plástico alimentario. En cualquier caso, y con una prensada previa, de las cinco tinajas, dos ya han terminado la fermentación alcohólica, y las otras tres están apuntito, así que estoy contento.

Una de las que no ha terminado es en la que estoy haciendo la fermentación carbónica, y como esa parte ya está hecha, prensé las uvas y dejé el mosto con el arranque de fermentación en una tinaja. Y en un momento dado la cosa pareció pararse por completo por la temperatura, así que ingenié una cámara de calor, como cuando hacía cerveza.

La cámara de calor.

Es bastante sencillo: además de estar bien cerradas las tinajas, las tapé con plásticos, bastante gordos para que el calor no saliera, y con una estufa de aire (para que no quedara calor residual como ocurre con las de aceite), y un termostato para no pasarnos de temperatura, regulé la temperatura de las tinajas. Conseguí subirlas hasta los 20 grados, y así hacer que las levaduras trabajaran felices. Yo también quiero un trabajo que sea comer y descomer, pero parece que está reservado sólo para los microorganismos. 

Era mi intención este año aumentar el tiempo de permanencia en las tinajas de barro, y quiero forzar la fermentación maloláctica, y tendrá que ser de la misma manera. Pero voy tomando las decisiones según voy viendo evolucionar el vino.  Así que sigo confiado e ilusionado. Salvo porque el crowddunding no ha salido, a ver cómo me las apaño ahora, aunque espero conseguirlo de alguna rocambolesca manera. No pierdo la esperanza. El sueño continúa. 

Vendimia 2018 para carbónica

Vendimia 2018 para carbónica

06th Oct 2018 Elaborando, Vendimia
La viña de hoy.

Hoy día seis de octubre hemos vuelto a vendimiar. Con menos medios humanos, pero con la ilusión de todos los días. 

Es una viña de El Barraco, cerca del arroyo de la Gaznata, que habían dejado mucha uva aún y nos dieron permiso para recoger lo que quisiéramos. Mi idea era llevarme unos quinientos kilogramos de uvas (garnachas todas ellas, por supuesto), para hacer una maceración carbónica. Para el que no lo sepa, le adjunto un enlace donde lo cuentan genial.

De hecho ya hay gente como Orly Lumbreras que ya está probando en Navalmoral. 

El día se ha dado duro por dos razones, lo que quedaba no estaba en un estado que yo hubiera querido. Si bien mi viña la tengo fantástica, esta viña necesita algunos años de trabajo para volverla a poner al día. Uno de los hermanos del dueño ha estado con nosotros y nos contaba su ilusión porque se recuperara, de hecho le gustaba que le contara como cuido yo la mía. 

Y por otro lado, éramos muy pocos, y perdíamos mucho tiempo rebuscando entre las cepas para coger racimos buenos. 

Mi amigo Fernando con sus vendimias en las espaldas.

Así que nos conformamos con tres cientos cincuenta kilogramos de uvas. Esas las echamos enteras en la tinaja de barro que me quedaba para ver qué tal funciona la maceración carbónica. Os iré informando.

Y por otro lado, quedaba bazucar en la bodega. Al abrir las múltiples capas de protección del vino fermentado y meter el palo de tres puntas mi abuelo, aquello comenzó a burbujear y emanó un hedor a anhídrido carbónico que podía dormir a un elefante. 

Mira que sé lo que va a pasar, pero siempre es peligroso. ¡Niños! No hagáis esto nunca solos, siempre con alguien por si os mareáis. No es broma. 

En cualquier caso estaba todo bien. La fermentación alcohólica está llevando su camino, y me siento muy satisfecho con el proceso. Este año estoy limando muchos procesos e incluso evitando errores del año pasado. Auguro una buena calidad de producto, pues además el viñedo ha dado una gran calidad de uva.

Fermentando. 
Vendimia 2018

Vendimia 2018

01st Oct 2018 Elaborando, Vendimia
Las marcas de la fiesta de la vendimia.

Después de una semana de contratiempos, poco tiempo tuve para preparar la vendimia en condiciones, pero las ganas y el fervor hicieron sacar de mí las fuerzas (el tiempo me lo tuvo que prestar mi familia, porque casi ni me quedaba). Y el viernes día veintiocho pegué un último lavado a las tinajas, recogí toda la bodega, y dejé todo el espacio limpio. Para rematar, me cargué las cajas, y en dos viajes bajé a la viña todas las cajas. Después de eso, a casita que al día siguiente había que trabajar duro.

La bodega lista para empezar.

A las seis y media tocó diana con poco más de seis horas de sueño a mis espaldas, y con la emoción de empezar la fase final de la elaboración del vino, pues la fase previa empieza siempre en la viña. 

La verdad que me levanté con ganas, será de las pocas veces que madrugo con tanta intensidad. Y en menos de una hora ya estaba operativo. Terminé de colocar las cajas por la viña, y ya apareció Diego, que fue el primero de mis amigos en llegar. Al momento llegaron Fernando y Carlos, y un poco después Rodrigo. Cecilia y Fernando también se apresuraron en venir. Cada uno desde un lugar, todos con más o menos ganas, y más o menos sueño, doblaron la espalda previas instrucciones que les iba dando según iban llegando. 

La caldereta espectacular de mi cuñado.

Pero la gran motivación para todos fue mi cuñado Alberto, que nos obsequió con una caldereta de cordero espectacular. No está pagado el cariño y el esfuerzo que tuvo para todos nosotros. De hecho le perdoné la vendimia a cambio de que se dedicara en exclusiva a preparar la comida y ayudarme después a pisar la uvas.

Al llegar Rubén e Irene, Rubén se ofreció a ser mi compañero porteador (con diferencia la peor tarea del día, pero hay que hacerla). Y todavía hubo tiempo para que aparecieran Cristina con mi hijo y mi sobrina (que disfrutaron de lo lindo y vendimiaron), y Ana con sus hijos, que ya más mayores, no les gustaba tanto trabajar. Fueron eficientes, y fueron perseverantes, y antes de la una y media acabaron toda la recolecta de uvas, cuando volvimos Rubén y yo del segundo viaje a la bodega para dejar las cajas. 

La vendimia es dura, pero siempre es una forma bonita de estar con la gente que te aprecia.
Algunos de mis geniales amigos, que merecen mi orgullo y mi respeto. En este momento estaban estableciendo las bases para la creación del comité de empresa. 

No todos se quedaron a la comida, el tiempo es un valor codiciado que es difícil disponer. Y bastante que pudieron venir. Gracias a todos. 

La colecta de uvas. 

Ya en la bodega hicimos la selección, aunque estaban marcadas las uvas que iban a ir a una tinaja o a otra, es muy importante retirar bien todo aquello que no debe entrar en la estrujadora despalilladora. 

Establecimos turnos para rotar, y dedicamos todos los esfuerzos para terminar lo antes posible. Dos cargaban cajas a la tolva, uno debajo intercambiaba capazos para que no se desperdiciase nada, y otro encima de la escalera recogía los capazos para echarlos a las tinajas. Quiero aclarar por lo que la gente me pregunta, que no tengo manguera para subir desde la despalilladora a la tinaja las uvas estrujadas, porque no quiero aplastar las uvas más. Me interesa la uva estrujada solamente, no aplastada. E incluso, en la tinaja de selección, eché sesenta kilogramos de uvas enteras, para que arranquen a fermentar sus levaduras desde dentro de la baya, como una maceración carbónica, buscando nuevos aromas y sabores. Todo es experimentar.

Los niños mientras estuvieron jugando con las cajas a hacerse un castillo, o una casa, o algo así, la verdad es que los vi disfrutar, y es como se lo tiene que tomar los niños para que les guste la tradición de venir a vendimiar. 

La verdad que estoy muy contento con la calidad de la uva, al final mil cien kilogramos de uvas, en dos tinajas, preparadas para fermentar y convertirse en un vino de garnacha maravilloso. Y para todos los que participen en el crowfunding de mi bodega

Estoy convencido que será un gran vino, frutal y agradable. Será una añada, que aunque escasa, su calidad la hará sobresalir sobre otras que vengan después.

Gracias a todos. Gracias a mis amigos y familia que habéis estado conmigo en este día de gran intensidad y esfuerzo. Y gracias a todos los que estáis participando en el crowdfunding para ayudarme a poder restaurar la bodega y poder hacerla un lugar de trabajo óptimo.